Recuperando la oración e intercesión verdadera

La oración verdadera produce frutos. No sé trata del tiempo de oración e intercesión, se trata de que a pesar del tiempo ellas sean verdaderas. Todo sale del corazón, así también estas dos cosas, si tienes el corazón dañado la oración e intercesión no logran su objetivo.

La Biblia enseña que Jacob tuvo un sueño de Dios, y a él por medio de ese sueño, se le reveló que el Señor estaba siempre ahí y él no lo sabía. Así le sucede a muchos, van a lugares donde está Dios pero ellos nunca lo percatan. Cuando uno descubre eso, la vida cambia porque se empieza a escuchar a Dios. Hay cristianos astutos que todo lo arreglan para que lo favorezcan a ellos y nunca a Dios.

 

Nehemías 1:2

Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén.

Me dijeron: «Las cosas no andan bien. Los que regresaron a la provincia de Judá tienen grandes dificultades y viven en desgracia. La muralla de Jerusalén fue derribada, y las puertas fueron consumidas por el fuego».

Cuando oí esto, me senté a llorar. De hecho, durante varios días estuve de duelo, ayuné y oré al Dios del cielo

 

El corazón también habla, habla incluso más que el diablo. Tu corazón se la pasa ocupado en otras cosas que no le favorecen y Dios quiere liberarlo para que lo llenes de Él.

No es lo que hagas sino cómo lo hagas. De qué sirve, por ejemplo, volver a tu país si vuelves con el mismo corazón. O de qué sirve que los cristianos declaren actividades para liberar a un país si el corazón de quienes hacen la actividad están dañados y podridos. Hay que tener la actitud correcta delante de Dios para que lo que pidas suceda, hay que seguir el ejemplo de Nehemías. Dios al discernir el llanto y la oración de este hombre, obró.

El principal enemigo de la oración y la intercesión es el desánimo, que te saca del lugar correcto donde te puedes comunicar con el Padre, Hijo y Espíritu Santo. El desánimo te separa del propósito por el cual te hizo Dios. De La oración, de  la iglesia, de la relación con Dios. El desánimo hace que te arrope las artimañas del diablo las cuales eran las que tú debías destruir.

La gente en aquel tiempo oraba, pero el desánimo hacia que a pesar de eso, ellos dudaban de que Dios haría algo. Así pasa actualmente, el desánimo te arropa de tal manera que te hace sentir inservible, incapaz, innecesario, poco delante de otros, lo poco que se ora no logra efecto porque la persona está dañada, empieza a sentir incluso rabia y envidia por los que prosperan como medida de defensa y excusa.

La oración e intercesión en corazones dañados no causan frutos ni efecto.

Quizá en aquel tiempo había muchas personas elocuentes que oraban por mucho tiempo y con mucha palabrería, pero nada pasaba porque no tenían la base correcta, un corazón humilde, limpio y correcto delante de Dios.

Nehemías comprendió que había que restaurar el altar de todos los corazones porque estaban destruidos para Dios. Él nos demuestra un gran ejemplo de sacrificio y humillación. Jesús se sacrificó y cada día sigue intercediendo por cada uno de nosotros sin parar.

Está destruida la verdadera oración e intercesión, no se está haciendo como el cielo lo está demandando. Nehemías comprendió y se sacrificó por todos aunque lo señalaran, porque entendió qué quería el cielo. Él se sacrificó para que Dios se manifestara. Él se apartó de todo para poder escuchar y orar a Dios y que eso diera frutos. El punto clave fue el sacrificio.

 

Nehemías 2:1-5

A comienzos de la siguiente primavera, en el mes de nisán,[a] durante el año veinte del reinado de Artajerjes, le servía el vino al rey y, como nunca antes había estado triste en su presencia, me preguntó:

—¿Por qué te ves tan triste? No me parece que estés enfermo; debes estar profundamente angustiado.

Entonces quedé aterrado, pero le contesté:

—Viva el rey para siempre. ¿Cómo no voy a estar triste cuando la ciudad donde están enterrados mis antepasados está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego?

El rey preguntó:

—Bueno, ¿cómo te puedo ayudar?

Después de orar al Dios del cielo, contesté:

—Si al rey le agrada, y si está contento conmigo, su servidor, envíeme a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis antepasados.

 

Echa fuera toda falsa oración e intercesión de tu vida. Busca el mejor ejemplo del cielo. No puedes seguir viviendo del aceite ajeno, debes buscar tu propio aceite, no vivas de aceite prestado.

Se presentó como sacrificio vivo para que él pueblo pudiera ver la gloria de Dios.

Las oraciones de Nehemías no fueron personales, fueron dirigidas a un pueblo completo. Dejó a un lado los intereses personales, emociones y sentimientos por orar por todos y ser escuchado por Dios.

Su corazón estaba alineado al corazón y el propósito de Dios, estaba sano y la voluntad no era para él sino para un pueblo muerto que necesitaba vida.

Él le sirvió a Dios. Le sirves a Dios cuando le sirves al ser humano sin esperar nada a cambio.

Ser bendecido y prosperado no lo demuestra lo que tienes física y monetariamente, porque muchos tienen todo lo material pero están muertos y podridos por dentro.

No puedes estar con una cara y una actitud de tristeza, cabizbajo porque tienes un Dios grande y poderoso que todo lo tiene y puede, levanta la cabeza para que tu Padre se pueda manifestar. No vivas una falsa fe, vive la fe verdadera de Dios.

Nehemías se sacrificó para escuchar a Dios.

Deja de adorar lo del mundo que te está matando y adora al verdadero y único Dios, que te da vida y salvación eterna.

Nehemías no tenia un vocabulario, tenía una vida y una decisión.

Nehemías sabía lo que venía para su pueblo, los cristianos no saben que viene para su país porque no tienen la conexión con Dios. Comprendió que se tenía que caminar por el camino verdadero y entrar por la puerta de Dios, Jesús.

Hay que volver con las oraciones y la intercesiones apasionadas que abren la puerta del cielo. Deja de orar con resentimiento porque no verás respuesta de nada.

Estás más pendiente de ti que de las personas que necesitan de ti.

 

Nehemías 2:10

10 Ahora bien, cuando Sanbalat, el horonita, y Tobías, el oficial amonita, se enteraron de mi llegada, se molestaron mucho porque alguien había venido para ayudar al pueblo de Israel.

 

Hace falta gente que suba al cielo y baje con la palabra correcta.

Donde Dios llega se levanta el mismo pueblo de Dios.

Es hora de que los hijos de Dios salgan a las calles y revelen al verdadero Jesús. No con un eslogan, actividades o palabrería, sino con una vida y corazón acordé al cielo. Sí la gente ve a Jesús todo va a cambiar. Llénate tanto de Jesús, que a donde llegues, las personas se incomoden, se molesten, se inquieten, se manifieste lo malo y salga a la luz las tinieblas, para que  así se disipen. Sí te sientes bien donde hacen lo malo o donde están los espíritus contrarios al de Dios, tienes el mismo espíritu que ellos.

Todos los que se determinen en manifestar y establecer el Reino de los cielos en la tierra encontrarán oposición y desánimo.

Deja de vivir de emociones y sentimientos y empieza a vivir bajo la verdadera guianza del Espíritu Santo en ti.

 

Nehemías 4:10-15

10 Entonces el pueblo de Judá comenzó a quejarse: «Los trabajadores se están cansando, y los escombros que quedan por sacar son demasiados. Jamás podremos construir la muralla por nuestra cuenta».

11 Mientras tanto, nuestros enemigos decían: «Antes de que se den cuenta de lo que está pasando, caeremos encima de ellos, los mataremos y detendremos el trabajo».

12 Los judíos que vivían cerca de los enemigos venían y nos decían una y otra vez: «¡Llegarán de todos lados y nos atacarán!»[a]13 De manera que coloqué guardias armados detrás de las partes más bajas de la muralla, en los lugares más descubiertos. Puse a la gente por familias para que hiciera guardia con espadas, lanzas y arcos.

14 Luego, mientras revisaba la situación, reuní a los nobles y a los demás del pueblo y les dije: «¡No le tengan miedo al enemigo! ¡Recuerden al Señor, quien es grande y glorioso, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus esposas y sus casas!».

15 Cuando nuestros enemigos se enteraron de que conocíamos sus planes y que Dios mismo los había frustrado, todos volvimos a nuestro trabajo en la muralla.

 

El desánimo nunca le sacó al pueblo las oraciones correctas sino quejas y lamentaciones.

Donde no te quieren sacude los pies y vete. Los que no valoran lo que tu le estás dando vete que hay otros que lo están esperando. Muchos necesitan de lo que Dios te ha dado.

Los intercesores no pueden dejar la verdadera batalla, pues son la muralla para que las bases de la iglesia no caigan.

 

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