Principios de la semilla

Tu primero fuiste semilla y después te convertiste en persona, el principio de todo está en la semilla. La primera semilla fue Adán y el segundo fue Jesús.

De esa semilla salió un fruto y ese fruto se multiplicó y el resultado eres tú.

Todo lo que haces para Dios es una semilla para Él.

La esencia de todo lo que puedas ofrecerle a Dios no limita la fe, porque de acuerdo a lo que siembras recibirás. Todo lo que siembras se multiplica, por eso debes saber qué estás recibiendo, porque de acuerdo a lo que sembraste eso es lo que recibirás y estás recibiendo.

Sí la semilla es mala, cosas malas recibirás, si la semilla es buena, cosas buenas recibirás.

El servicio que tú le prestas a Dios es una siembra, así que si le siembras a Dios irresponsabilidad o impuntualidad no puedes esperar lo mejor de esa semilla, Dios no es responsable de lo que recibas, es por la semilla que plantaste. No puedes traerle a Dios cualquier semilla, porque ella va a producir.

Cuando le das algo de tus fuerzas a Dios, que no sabes porqué estás pasando por eso o no entiendes qué sucede, debes hacer como la mujer del flujo de sangre, que su última semilla la sembró en la tierra que le iba a producir el milagro, sin saber cómo va a pasar, sino confiando en tu siembra en Jesús. Siempre hay una semilla que le puedes sembrar a Jesús. Todo lo que siembras en él se reproduce instantáneamente.

Cuando sembramos fe, fuerzas, habilidades en Dios, tendrás la garantía de una buena cosecha.

Dios estableció el principio de la semilla, la ley de la siembra y la cosecha. Todo agricultor que siembra lo hace con fe de que va a recoger.

Tu eres la semilla de Dios y donde tu te siembres ahí él se multiplicará.

‭Génesis 8:22 RVR1960‬‬

[22] Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

Mientras la tierra exista va a existir la ley de la siembra y la cosecha. Todo lo que siembres en Dios recibirás, llámese tiempo, esfuerzos, palabra, servicio, lo que siembres.

No existe tierra mala, sino semilla mala. Dios quiere que siembres semilla buena, porque al sembrar semilla buena se restaura la tierra.

Dios compara su semilla contigo. Tu no eres una semilla de caraota, o de otro grano, tu eres la vida de la semilla. Cuando tú siembras, la tierra recibe la vida, la vida de Cristo que está en ti. Tu eres esa semilla de vida que si tú te siembras, tu y todos los que te rodean prosperarán.

La tierra es demasiado para los pocos sembradores que hay. Lo que siembras, eso recibirás.

El principio aún se mantiene. Aunque muchos hayan malinterpretado la palabra.

Para que veas tu vida fructificada en salud, en finanzas, en prosperidad, en ti, en tu familia debes cumplir con la ley de la siembra y la cosecha. Debes sembrar la semilla de la bendición y ahí nunca recogerás escasamente. Sigue la ley divina.

Dale a Dios lo mejor de ti. ¿Le has dado lo mejor de Dios a ti? Aún siendo así no puedes esperar lo malo de él. Él sembró a Jesús y la semilla cayó en tierra, murió y dio frutos. Ahora lo que te debes preguntar ¿La tuya cuál es y dónde está sembrada?

Cuando tú le das lo mejor a Dios no tienes ni idea en dónde estás sembrando.

El diablo nunca te podrá dar una cosecha buena, el único que tiene poder para eso es Dios.

‭‭2 Samuel 24:21-24 RVR1960‬‬‬

[21] Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. [22] Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. [23] Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. [24] Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

Un agricultor terrenal se siembra en la tierra donde siembra, se dedica, y mantiene su fe en el trabajo que hace, porque sabe que de ahí va a recibir lo que necesitaba, el sustento, la alimentación, la salud. Cuánto no mas sucede en lo celestial.

Siembra en Dios lo mejor de ti, porque de eso tendrás cosecha.

No le des a Dios lo que te sobra, no sigas trayendo a él lo peor tuyo, en todas las áreas. Tampoco des de lo prestado, no des nada que no te cueste.

Dios te va a dar suficiente para que le traigas a él lo que te costó a ti, porque lo que no te cuesta no tiene mérito no recompensa.

Las excusas te ponen a sembrar lo peor de ti.

No exijas más de lo que tú siembras, no te molestes ni te pongas bravo, porque estás recogiendo lo que tú mismo has sembrado.

Hoy hay muchas excusas para sembrar. Dios te da el espacio y la oportunidad para que slo hagas.

En el mismo centro de la fe está que tú ofrenda implique un sacrificio.

Siémbrate en otro terreno para que ahí también se siembre Jesús. Tu excusa es la que te mantiene pobre, Porque la última semilla que tienes en vez de sembrarla en Dios la guardad para ti.

Tu ofrenda no será una ofrenda viva al menos que te cueste algo.

Tu encárgate en sembrar que el mismo Dios es el que hará que su promesa se manifieste.

Tu semilla no se multiplica porque la ofreces sin sacrificio. No te dejes robar la bendición por lo natural.

El agua del cielo le da vida a todo.

Tu ofrenda a Dios debe poseer las siguientes cualidades, primero debe ser lo mejor que puedas ofrecer, todo lo que dices por tu boca tranca o libera lo que ofreces. Cuando das lo mejor a Dios estás en la posición de recibir lo mejor.

Segundo, Dios debe tener prioridad en tus ofrendas. La mente, junto al diablo, te traerá todas las necesidades que tienes para robar tu bendición y no dar a Dios. Pero en medio de esa necesidad tu le das a Dios y vas a tener para tus necesidades en abundancia. No puedes invertir en la tierra sin el dueño de la tierra. Pierdes autoridad cuando le das a Dios lo peor.

El primer pensamiento en tu mente, después de recibir algo, debería ser ¿Cómo puedo ofrecer una parte de mi cosecha a Dios?

No puedes comerte la semilla, porque sin semilla no puedes sembrar.

Cuando le quitas a Dios, le quitas la oportunidad de bendecirte.

Si tienes a Dios en primer lugar, y es a quien primero le das, es la garantía de multiplicar lo que te queda. Tu necesidad es suplida cuando le das a Dios lo que es de Dios. No la ves suplida cuando le quitas la oportunidad de darte, robándole a él.

Tercero, Dios tiene recursos ilimitados y lo pone a tu disposición.

El diablo no tiene nada que darte ni ofrecerte porque todo es de Dios. Dios es ilimitado, únete a él.

‭2 Crónicas 25:6-9 RVR1960‬‬

[6] Y de Israel tomó a sueldo por cien talentos de plata, a cien mil hombres valientes. [7] Mas un varón de Dios vino a él y le dijo: Rey, no vaya contigo el ejército de Israel; porque Jehová no está con Israel, ni con todos los hijos de Efraín. [8] Pero si vas así, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está el poder, o para ayudar, o para derribar. [9] Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué, pues, se hará de los cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: Jehová puede darte mucho más que esto.

La mente lo que te quiere es quitar la oportunidad de ser prosperado en Dios.

Los suministros de Dios no escasean nunca, los de la tierra son fluctuantes.

Estabas escaso, pero ahora vivirás la abundancia del reino. No seguirás recibiendo escasamente.

La economía divina no tiene variación alguna, Dios siempre suple conforme a tu necesidad y más. Lo que tú pones en las manos de Dios se multiplica.

No permitas que el diablo te quiere lo que le pertenece a Dios.

Nunca podrás superar la generosidad de Dios. No importa lo que des, te lo multiplicará siempre más de lo que diste.

Debes desarrollar tu capacidad de cosecha. Debes abrir espacio para dar capacidad a lo que vas a recibir.

Tu Dios está vivo y quiere bendecirte y prosperarte.

No esperes recibir de la persona a quien le diste, no pienses en la retribución ni tampoco de su parte. Es mejor sembrar que prestar. Cuando le siembras a alguien que sabes que no tiene la oportunidad de recibir de esa persona, más que las gracias, Dios se encarga de retribuirte. Le diste a aquel que no te puede dar de vuelta, porque ahí está la fe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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