La esperanza sanadora

Puedes estar lleno de dinero, pero sin Jesús ese dinero se acaba rápido, es mejor estar lleno de Jesús en toda tu vida y con Él el dinero se multiplicará.

 

Si Dios vino a sanar no tenemos motivos por los cuales estar enfermos, la sanidad no depende de Dios, depende de ti. Las enfermedades no son de él, tu las dejaste entrar. Son de satanás que por medio de un espíritu lo usa para enfermarte.

 

Dios no borró las maldiciones, las anuló, si las hubiese borrado podían volverse a escribir, pero tú Señor las anuló.

 

La esperanza te dice que algún día sucederán las cosas pero la fe las hace  de inmediato. Conéctate con el Espíritu de la palabra para que la maldición de enfermedad en tu vida se vaya de inmediato.

 

2 Reyes 5:1-15

 

Por no creer en el milagro Él no se manifiesta, no es ver para creer, es creer para poder ver. Dios no actúa por lo que tú ves, Él actúa por lo que es y lo que ya hizo.

 

La salvación y la sanación vino por medio del sacrificio que Jesús hizo. Él se hizo imperfecto para hacer perfecto lo imperfecto.

 

Mientras estás buscando entender lo que te ocurre te estás debilitando y el diablo está acabando contigo poco a poco, robando la fe, porque actúas con el razonamiento y entendimiento.

 

Pedro se bajó de la barca porque se montó en la palabra que Jesús soltó, tu hoy puedes caminar también en las aguas.

 

Para Dios no hay fracasos porque él nunca ha fracasado, para Él lo que hay es enseñanzas para aprender a hacer las cosas mejor que antes y así no fracasar.

 

Hay cosas que hay que abandonar para que el pueda hacer lo que quiere hacer.

 

Nadie puede cobrarte lo que Dios nunca te cobró.

 

Naamán sabía quién lo podía ayudar por lo que se fue directo a la casa del profeta Eliseo.

 

Sin embargo, el profeta no lo atendió, sino que le dio la palabra de lo que tenía que hacer. El tenía no solo una necesidad física sino también espiritual.

 

Las enfermedades internas no las limpia el agua.

 

Las necesidades físicas son visibles, pero las que dañan verdaderamente son las profundas y que están dentro, en el corazón, ellas son las que dan el resultado de lo físico.

 

Naamán creía que el que lo podía ayudar era Eliseo, y por no poderlo recibir se molestó. Dios no trabaja por lo que el hombre quiere sino por su voluntad absoluta. Por Eliseo conocer cómo tenía le corazón Naamán al ir no lo atendió, porque el hombre estaba lleno de orgullo y prepotencia, porque creía en lo que podía hacer Eliseo y no en el Dios de Eliseo. Uso su razonamiento.

 

El razonamiento lo que hace es que sigas igual.

 

Las personas empezaron a hablar con Naamán, a animarlo y obedecer lo que el profeta dijo para ser sano. Dios te pone todo fácil, solo debes obedecer, ¿Por qué tú lo pones difícil?

 

Dios quiere que tú manifiestes tu fe.

 

Eliseo no lo atendió, sino que le mando a decir lo que debía hacer, pero su orgullo y prepotencia no dejaba que obedeciera para ver el milagro. Eso no es una condición física, sino espiritual. Naamán debía ser liberado en el corazón, Y que dejara el orgullo y obedeciera, para sanar su corazón y así ser sano en lo físico.

 

En el razonamiento se podía pensar que si una persona llagosa se mete en un agua sucia se enfermaba más, pero al él hacerlo, se humilló, dejó a un lado el orgullo y el razonamiento y fue sano. Las verdaderas llagas eran las de adentro, las de su corazón, y eran las que Dios quería sanar para que él por medio de la obediencia fuese también sanado físicamente. Hay sanidades internas que son más importantes que las externas.

 

Lucas 17:11-14

 

La sanidad espiritual es más importante para Dios. Porque muchos reciben sanidad externa pero se van de Dios, pero si primero está la sanidad interna esa manifestará la externa. A la enfermedad interna solo puede llegar Dios.

 

Si tú permites que Dios sane tu interior serás sano por completo. Si reconoces que ningún médico puede sanar eso sino Dios, ahí Él actuará.

 

Métete en el río Jordán para que seas sano. La llaga interna es la que está siendo obstáculo para tú milagro. La verdadera necesidad es adentro. La enfermedad interna es la que te está matando.

 

Deja de razonar y buscar solución en tu mente, que tú no veas la sanidad del cuerpo no quiere decir que Dios no lo hizo.

 

Dios quiere que entiendas que debes es creer, no ser tocado, alza tu voz, no porque Jesús este lejos y no te vaya a oír, sino que hay condiciones en tu vida que Dios quiere escucharla, para así atenderla y darte la respuesta.

 

Dios quiere sacar la palabra de tu boca.

 

Jesús sabía que ellos podían decir algo y lo provocó, porque sabía que si lo hacían iba a suceder el milagro.

 

El que está delante de ti tiene la respuesta.

 

Oración sin la palabra es incredulidad y razonamiento.

 

No importa como vayas a la casa de Dios, lo que importa es como salgas.

 

La religión dice que si no te tocan al orarte no serás sano, pero en este relato de la biblia se demuestra que no es así, estos hombres que estaban leprosos solo creyeron y fueron limpios. Ellos creyeron y recibieron fue la palabra para que Dios lo hiciera.

 

Él de que sana, sana, de que libera libera, Él es tu papá, solo debes creer.

 

De los 9 solo uno se regresó a Jesús, el comprendió que no podía abandonar al único que hizo lo que nadie pudo hacer. Fue agradecido y siguió no al milagro sino a quien lo hizo.

 

Se agradecido con tu Padre, Él es el único que te abraza y hace que desaparezcan tus llagas.

 

La única oportunidad que le quedaba a Baltimeo para recobrar la vista se estaba yendo del lugar, así que para recibir su milagro gritó para que viniera a Él. Grita y él vendrá, créelo con el corazón.

 

La voluntad de Dios es la palabra y en la palabra escrito está.

 

2 Reyes 20:1-14

 

La biblia está llena de milagros que se han desaparecido, pero empezarán a ocurrir otra vez.

 

No todas las enfermedades vienen por pecado, la de Naamán no fue un pecado, sucedió para que Dios pudiera sanar primero su corazón.

 

Hay circunstancias que Dios permite para sacarte la oración que nunca haz hecho.

 

Ezequías al momento de orar no recibió su milagro enseguida, sino que lo recibió al tercer día.

 

El Dios que promete cumple. Espera en Él.

 

En estos tres relatos se conoce que los milagros fueron hechos, no de la misma manera, pero sí con el mismo fin, sanarlos y que el nombre de Dios sea glorificado.

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